jueves, 11 de marzo de 2010

¿Quién fue el Papa Juan XXIII?



Juan XXIII

(Sotto il Monte, 1881 - Roma, 1963) Pontífice romano, de nombre Angelo Giuseppe Roncalli. Era el tercer hijo de los once que tuvieron Giambattista Roncalli y Mariana Mazzola, campesinos de antiguas raíces católicas, y su infancia transcurrió en una austera y honorable pobreza. Parece que fue un niño a la vez taciturno y alegre, dado a la soledad y a la lectura. Cuando reveló sus deseos de convertirse en sacerdote, su padre pensó muy atinadamente que primero debía estudiar latín con el viejo cura del vecino pueblo de Cervico, y allí lo envió.
Juan XXIII
Lo cierto es que, más tarde, el latín del papa Roncalli nunca fue muy bueno; se cuenta que, en una ocasión, mientras recomendaba el estudio del latín hablando en esa misma lengua, se detuvo de pronto y prosiguió su charla en italiano, con una sonrisa en los labios y aquella irónica candidez que le distinguía rebosando por sus ojos.
Por fin, a los once años ingresaba en el seminario de Bérgamo, famoso entonces por la piedad de los sacerdotes que formaba más que por su brillantez. En esa época comenzaría a escribir su Diario del alma, que continuó prácticamente sin interrupciones durante toda su vida y que hoy es un testimonio insustituible y fiel de sus desvelos, sus reflexiones y sus sentimientos.
En 1901, Roncalli pasó al seminario mayor de San Apollinaire reafirmado en su propósito de seguir la carrera eclesiástica. Sin embargo, ese mismo año hubo de abandonarlo todo para hacer el servicio militar; una experiencia que, a juzgar por sus escritos, no fue de su agrado, pero que le enseñó a convivir con hombres muy distintos de los que conocía y fue el punto de partida de algunos de sus pensamientos más profundos.
El futuro Juan XXIII celebró su primera misa en la basílica de San Pedro el 11 de agosto de 1904, al día siguiente de ser ordenado sacerdote. Un año después, tras graduarse como doctor en Teología, iba a conocer a alguien que dejaría en él una profunda huella: monseñor Radini Tedeschi. Este sacerdote era al parecer un prodigio de mesura y equilibrio, uno de esos hombres justos y ponderados capaces de deslumbrar con su juicio y su sabiduría a todo ser joven y sensible, y Roncalli era ambas cosas. Tedeschi también se sintió interesado por aquel presbítero entusiasta y no dudó en nombrarlo su secretario cuando fue designado obispo de Bérgamo por el papa Pío X. De esta forma, Roncalli obtenía su primer cargo importante.
Dio comienzo entonces un decenio de estrecha colaboración material y espiritual entre ambos, de máxima identificación y de total entrega en común. A lo largo de esos años, Roncalli enseñó historia de la Iglesia, dio clases de Apologética y Patrística, escribió varios opúsculos y viajó por diversos países europeos, además de despachar con diligencia los asuntos que competían a su secretaría. Todo ello bajo la inspiración y la sombra protectora de Tedeschi, a quien siempre consideró un verdadero padre espiritual.
En 1914, dos hechos desgraciados vinieron a turbar su felicidad. En primer lugar, la muerte repentina de monseñor Tedeschi, a quien Roncalli lloró sintiendo no sólo que él perdía un amigo y un guía, sino que a la vez el mundo perdía un hombre extraordinario y poco menos que insustituible. Además, el estallido de la Primera Guerra Mundial fue un golpe para sus ilusiones y retrasó todos sus proyectos y su formación, pues hubo de incorporarse a filas inmediatamente. A pesar de todo, Roncalli aceptó su destino con resignación y alegría, dispuesto a servir a la causa de la paz y de la Iglesia allí donde se encontrase. Fue sargento de sanidad y teniente capellán del hospital militar de Bérgamo, donde pudo contemplar con sus propios ojos el dolor y el sufrimiento que aquella guerra terrible causaba a hombres, mujeres y niños inocentes.
Concluida la contienda, fue elegido para presidir la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y pudo reanudar sus viajes y sus estudios. Más tarde, sus misiones como visitador apostólico en Bulgaria, Turquía y Grecia lo convirtieron en una especie de embajador del Evangelio en Oriente, permitiéndole entrar en contacto, ya como obispo, con el credo ortodoxo y con formas distintas de religiosidad que sin duda lo enriquecieron y le proporcionaron una amplitud de miras de la cual la Iglesia Católica no iba a tardar en beneficiarse.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Roncalli se mantuvo firme en su puesto de delegado apostólico, realizando innumerables viajes desde Atenas y Estambul, llevando palabras de consuelo a las víctimas de la contienda y procurando que los estragos producidos por ella fuesen mínimos. Pocos saben que si Atenas no fue bombardeada y todo su fabuloso legado artístico y cultural destruido, ello se debe a este en apariencia insignificante cura, amable y abierto, a quien no parecían interesar mayormente tales cosas.
Una vez finalizadas las hostilidades, fue nombrado nuncio en París por el papa Pío XII. Se trataba de una misión delicada, pues era preciso afrontar problemas tan espinosos como el derivado del colaboracionismo entre la jerarquía católica francesa y los regímenes pronazis durante la guerra. Empleando como armas un tacto admirable y una voluntad conciliadora a prueba de desaliento, Roncalli logró superar las dificultades y consolidar firmes lazos de amistad con una clase política recelosa y esquiva.
En 1952, Pío XII le nombró patriarca de Venecia. Al año siguiente, el presidente de la República Francesa, Vicent Auriol, le entregaba la birreta cardenalicia. Roncalli brillaba ya con luz propia entre los grandes mandatarios de la Iglesia. Sin embargo, su elección como papa tras la muerte de Pío XII sorprendió a propios y extraños. No sólo eso: desde los primeros días de su pontificado, comenzó a comportarse como nadie esperaba, muy lejos del envaramiento y la solemne actitud que había caracterizado a sus predecesores.
Sucedió a Pío XII tras su fallecimiento en 1958, contando Juan XXIII con 77 años de edad. Siendo Papa advirtió con suma preocupación el distanciamiento que se produjo entre la Iglesia católica y buena parte de la sociedad, debido ante todo por la influencia del racionalismo, el positivismo y las ideologías de izquierdas.
Su pontificado aportó a la Iglesia, además de momentos de paz y unión, una trascendental etapa de renovación. A él se debe, por primera vez en la historia, la creación de un cardenal africano, otro filipino y, un tercero, japonés. Recibió a numerosas personalidades políticas y religiosas, escribió las dos grandes encíclicas "Mater et Magistra" y "Pacem in Terris" y convocó el Concilio Vaticano II, vigésimo primero de los ecuménicos de la Iglesia. El Concilio abordó la modernización de la enseñanza, la reorganización de la Iglesia, la promoción del ecumenismo y el acercamiento a los creyentes mediante un ritual menos rígido y más moderno.
Juan XXIII dio a conocer su pensamiento mediante la elaboración de siete encíclicas, que mostraron su preocupación por la incorporación del individuo en la sociedad como partícipe de las instituciones, y por las relaciones internacionales, que debían basarse en los principios de paz, solidaridad y justicia. Otro de sus postulados fue defender la participación de la Iglesia en las cuestiones y conflictos que afectan a la Humanidad. En este sentido, facilitó el diálogo con otras religiones, para lo que creó el Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y promovió los contactos con ortodoxos, judíos y protestantes.
Sin embargo, el Papa falleció durante esta etapa de renovación, aunque su sucesor -Pablo VI-continuó con la labor emprendida, dando como resultado una Iglesia y una religión de mayor contenido social y modernizada.
Su muerte, ocurrida en el Vaticano el 30 de junio de 1963, provocó una profunda tristeza en el mundo entero, mostrándose así la manera en que este Papa se hizo querer en tan poco tiempo. Fue debido a su carácter noble que se lo conoce como el Papa bueno. Tras su muerte se publicaron sus diarios, con los títulos de "Diario de un alma" (1965) y "Cartas a su familia" (1969).



OTROS DATOS IMPORTANTES DEL PAPA JUAN XXIII

Pontificado

El 28 de octubre de 1958, contando con casi 77 años, Roncalli fue elegido papa ante la sorpresa de todo el mundo. Escogió el nombre de Juan (nombre de su padre y del patrón de su pueblo natal, aunque escogió este nombre por el evangelista de nombre Juan). Fue coronado el 4 de noviembre (21 días antes de su cumpleaños 77) por el cardenal Nicola Canali, protodiácono de San Nicola in Carcere Tulliano.
Después del largo pontificado de su predecesor, los cardenales parecieron escoger un papa de transición a causa de su avanzada edad y de su modestia personal. Ni los cardenales ni el resto de la Iglesia esperaban que el temperamento alegre, la calidez y la generosidad del papa Juan XXIII cautivaran los afectos del mundo de una forma en que su predecesor no pudo. Al igual que Pío XI pensaba que el diálogo era la mejor forma para dar solución a un conflicto. Enseguida empezó una nueva forma de ejercer el papado. Fue el primero desde 1870 que ejerció su ministerio de obispo de Roma visitando personalmente las parroquias de su diócesis. Al cabo de dos meses de haber sido elegido, dio ejemplo de obras de misericordia: por Navidad visitó los niños enfermos de los hospitales Espíritu Santo y Niño Jesús; al día siguiente fue a visitar los prisioneros de la cárcel Regina Coeli.
En su primera medida de gobierno vaticano, que le enfrentó con el resto de la curia, redujo los altos estipendios (y la vida de lujo que, en ocasiones, llevaban los obispos y cardenales). Asimismo, dignificó las condiciones laborales de los trabajadores del Vaticano, que hasta ese momento carecían de muchos de los derechos de los trabajadores de Europa, además retribuidos con bajos salarios. Por primera vez en la historia nombra cardenales indios y africanos.

Tres meses después de su elección, el 25 de enero de 1959, en la Basílica de San Pablo Extramuros y ante la sorpresa de todo el mundo anunció el XXI Concilio Ecuménico -que posteriormente fue llamado Concilio Vaticano II-, el I Sínodo de la Diócesis de Roma y la revisión del Código de Derecho Canónico. Este concilio fue inspirado en la figura del Papa Pío IX precursor del Concilio Vaticano I y quien, según el Papa Juan XXIII, nadie en la historia de la Iglesia había sido tan amado y tan odiado a la vez. El 2 de diciembre de 1960 se reunió en el Vaticano durante una hora con el arzobispo de Canterbury, Geoffrey Francis Fisher. Era la primera vez en más de 400 años, desde la excomunión de Isabel I, que la máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra se reunía con el papa. Durante su Pontificado nombró 37 nuevos cardenales, entre los cuales por primera vez un colombiano, un tanzano, un japonés, un filipino, un venezolano y un mexicano.

El papa Juan XXIII escribió ocho encíclicas en total. Su magisterio social en las encíclicas "Pacem in terris" y "Mater et Magistra" fue profundamente apreciada. En ambas pastorales se insiste sobre los derechos y deberes derivados de la dignidad del hombre como criatura de Dios.

El 3 de enero de 1962 excomulgó a Fidel Castro, iniciativa amparada en condenas expresadas por el papa Pío XII en 1949. El día 6 de mayo del mismo año canonizó al primer santo negro de América, San Martín de Porres.

El 11 de octubre de 1962 el papa Roncalli abrió el Concilio Vaticano II en San Pedro. Este Concilio cambiaría la cara del Catolicismo: una nueva forma de celebrar la liturgia (más cercana a los fieles), un nuevo ecumenismo y un nuevo acercamiento al mundo.


Desde la apertura del Concilio, el papa Juan XXIII indica la precisa orientación de los objetivos: no se trataba de definir nuevas verdades ni condenar errores, sino que era necesario renovar la Iglesia para hacerla capaz de transmitir el Evangelio en los nuevos tiempos (un "aggiornamento"), buscar los caminos de unidad de las Iglesias cristianas, buscar lo bueno de los nuevos tiempos y establecer diálogo con el mundo moderno centrándose primero "en lo que nos une y no en lo que nos separa".

Al Concilio fueron invitados como observadores miembros de diversos credos, desde creyentes islámicos hasta indios americanos, no sólo miembros de todas las Iglesias cristianas (Ortodoxa, Anglicanos, Calvinistas, Cuáqueros, Protestantes, Evangélicos y Metodistas no presentes en Roma desde el tiempo de los Cismas)



Su muerte y beatificación

Su Santidad Juan XXIII, en su sarcófago en la Basílica de San Pedro.El 23 de mayo de 1963 se anunciaba públicamente la enfermedad del papa (cáncer de estómago). Murió en Roma el 3 de junio de 1963. El Papa no quiso dejarse operar temiendo que el rumbo del Concilio se desviara de lo estipulado, de esta forma el mismo Papa estaba firmando su sentencia de muerte. Al fin después de una grave enfermedad, hacia las dos y cincuenta de ese día, el Papa Juan XXIII muere sin ver concluida su obra, a la que él mismo consideraba "La Puesta al día de la Iglesia". En la memoria de muchos, el Papa Juan XXIII ha quedado como "el Papa bueno" o como "el Papa más amado de la historia".

Fue sucedido por Pablo VI quien en 1965 iniciaría su proceso de beatificación después de la clausura del Concilio Vaticano II. El papa Juan XXIII fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000 junto con el Papa Pío IX a quien él tanto deseó canonizar. Su fiesta litúrgica quedó fijada el 11 de octubre, día de la apertura del Concilio Vaticano II.
Cuando su cuerpo fue exhumado en el año 2000, se corrió el rumor de que su cuerpo se hallaba incorrupto, enseguida fuentes del Vaticano se apresuraron a negarlo, recordando que había sido embalsamado. Sus restos actualmente descansan en la Basílica de San Pedro, en Roma.
También es honrado por muchas organizaciones protestantes como un reformador cristiano. Tanto los anglicanos como los protestantes conmemoran a Juan XXIII como un "renovador de la iglesia".
Pier Paolo Pasolini le dedicó una de sus grandes películas, "El Evangelio según San Mateo".
El hospital Universitario Juan XXIII en Tarragona fue creado para que dicho papa fuera recordado por siempre.

La tumba que ocupaba el Papa Juan XXIII, está siendo ocupada por el Papa Juan Pablo II, fallecido el 2 de abril de 2005.



 Encíclicas del Papa

Juan XXIII

Ad Petri Cathedram (29 de junio de 1959)

Sacerdotii Nostri Primordia (1 de agosto de 1959)

Grata Recordatio (26 de septiembre de 1959)

Princeps Pastorum (28 de noviembre de 1959)

Mater et Magistra (15 de mayo de 1961)

Aeterna Dei Sapientia (11 de noviembre de 1961)

Paenitentiam Agere (1 de julio de 1962)

Pacem in Terris (11 de abril de 1963)

Canonizaciones

San Martín de Porres

San Pedro Julian Eymard

San Vicente Pallotti

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